Resiliencia: El Secreto de las Personas Felices

¿Sabe usted qué es la resiliencia?, o ¿Qué lo convierte en una persona resiliente?, o ¿Por qué unos son capaces de seguir en el empeño y a otros les supera la situación o las emociones? La palabra de moda que desde hace algún tiempo ha sido pronunciada por Psicólogos, Coaches emocionales y deportistas,  se a convertido en una de las mejores herramientas que tenemos a nuestro alcance para conseguir la anhelada felicidad.

La psicóloga y escritora Patricia Ramírez – autora de libros como «Cuenta Contigo», «Así lideras, así compites» – nos explica qué capacidades necesitamos para convertirnos en un persona resiliente o, lo que es lo mismo, capaz de adaptarnos y superar los golpes que nos depara la vida.

No hace falta vivir una experiencia límite para saber si somos resilientes. Hombres y mujeres luchan a diario por superar una separación de pareja, un despido improcedente, el accidente fruto de la borrachera de un irresponsable o la deslealtad de algún socio que les deja colgados con deudas. La personalidad resiliente ayuda a superar los malos, injustos, tristes, duros o desesperantes baches que la vida nos va poniendo. Sin esa capacidad la gente se quedaría en el camino, como les ocurre a muchas personas.

Pero, ¿qué te convierte en resiliente? ¿Por qué unos son capaces de seguir en el empeño y a otros les supera la situación o las emociones? La explicación se debe a varias características de la persona y no puede explicarse de forma simple desde un solo concepto. He aquí algunas de las características de la persona resiliente.

En definitiva una persona resiliente, se destaca por las siguientes cualidades:

Tiene pasión: La pasión está estrechamente ligada a nuestros talentos. Cuando les preguntas a los mejores profesionales por qué llegaron a ser brillantes, la mayoría contesta que se dedican a lo que les apasiona. Es difícil abandonar una pasión por muchas piedras que te encuentres en el camino. A la pasión se le dedican horas, curiosidad, creatividad y terminas encontrando soluciones dónde otros no las ven.

Es valiente: La persona valiente tiene claro que el riesgo controlado compensa. No le importa enfrentarse a emociones como la incertidumbre, el miedo o la frustración. Tiene tan claro que quiere triunfar en su objetivo, que su deseo de conseguirlo está por encima de los momentos duros, los de soledad y los de fracaso. La persona valiente sabe gestionar sus fracasos, interpretarlos, aprender de ellos y buscar soluciones. La persona valiente tiene la determinación de ser una triunfadora.

Tiene resistencia: La resistencia viene del concepto inglés hardiness y aparece en muchos cuestionarios de la personalidad como un predictor del éxito. Los estudios de Kobasa y Maddi comprobaron que existen personas que ante la adversidad, le dan la vuelta a la tortilla. Son capaces de crecerse y superar la situación. Mientras que otras, ante hechos de menor gravedad, se hunden. A esto lo llamaron hardiness. Y esa resistencia se nutre de compromiso, entendido como la implicación que alguien tiene con su proyecto; control, como la idea de estar convencido de que en gran medida controlas tu entorno; y ver el reto como una oportunidad de cambio, sin miedo a salir de la zona confortable, aceptándolo como un juego.

Gestiona positivamente el fracaso: A partir de los seis años tendemos a sacar conclusiones devastadoras sobre nosotros mismos cada vez que nos equivocamos. Sinceramente, fracasar o cometer errores lo llevamos realmente mal. La persona que gestiona el fracaso de forma positiva, sin tratarse mal, se atreve de nuevo. Dado que sus errores no le salen caros a nivel emocional, se atreve, aprende y evoluciona.

Acepta la parte injusta de la vida: Existe y nos va a tocar a todos en algún momento y en alguna medida. Momentos duros que muchas veces no provocamos nosotros, pero que nos hacen sufrir, dudar de los valores y de la justicia de la vida. Y es que no existe tal justicia. El refrán “recoges lo que siembras” no siempre es cierto. Puedes sembrar educación, amabilidad, generosidad u honestidad y aun así dar con una pareja o con un socio que te falle. No hay una relación directa entre ser buena persona y buen profesional y recibir lo mismo a cambio. Ojalá, pero no.

La vida juega sus propias cartas, las personas son distintas a nosotros, las enfermedades aparecen a veces no teniendo factores de riesgo. Es cierto que reducimos mucho la probabilidad de que ocurra siendo coherentes con nuestros valores y llevando una vida saludable. Pero no es suficiente para evitar lo que no deseamos y para alejarnos de las desgracias. Hay que aprender a aceptar lo que no depende de nosotros y focalizar así la energía en lo que sí depende.

Se enfoca más en las soluciones que en los problemas: Hay personas para las que tener problemas es ya un problema. Y resulta que la vida está llena de ellos, todos los días. La persona resiliente observa los problemas como algo natural, a lo que hay que dar solución, sin más agobio. Cuando contemplamos el problema como algo que enturbia nuestra paz, ya le estamos dando un tinte dramático. Y esta misma actitud es la que nos cierra en banda impidiendo ver las soluciones y el optimismo que tiene una persona resiliente.

Fuente: www.hola.com

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