El Libro Negro del Emprendedor: FERNANDO TRIAS DE BES

El Libro Negro del Emprendedor, de Fernando Trias de Bes. Normalmente te traigo libros de autores americanos, que pueden estar traducidos o no. Y es lógico, porque allí el mundo del emprendimiento y también del marketing digital, es mucho más activo que en España. Pero es interesante que sepas que en castellano también hay cosas que valen la pena, así que hoy te traigo a un autor patrio.

Fernando Trias de Bes hace un recorrido por lo que él llama factores claves de fracaso. Es decir, que no son simples meteduras de pata sino que pueden ser errores fatales, sobre todo cuando empiezas. He aquí un pequeño resumen de cada uno:

Factores Claves del Fracaso Empresarial:

Emprender con un motivo pero sin una motivación: Que se te haya ocurrido una supuesta gran idea de negocio es estupendo, pero en sí mismo no justifica que te lances al ruedo empresarial. Solo con ese momento de lucidez, en el que ves la idea clarísima, no vas a tirar en los momentos difíciles; tienes que tener muy clara cuál es tu motivación.

No tener carácter de emprendedor: Emprender no es fácil y hay que tener un cierto carácter. Necesitas aguantar bien la presión, disfrutar con esa inseguridad de no saber muy bien qué va a pasar en el futuro… vamos, que te va la marcha. Lo que para otras personas sería una condena, porque prefieren la seguridad de una nómina, a ti te tiene que gustar

No ser un luchador: Como te digo, muchas veces el secreto es aguantar, no solo la incertidumbre o la precariedad, sino también ser capaz de mantener el tipo cuando las cosas van mal. Y te aseguro que en algún momento del camino van a ir mal. En la historia de toda empresa hay momentos duros, que pueden ser también puntos de inflexión. Si te rindes a la primera de cambio, si no eres capaz de pelear contra esas dificultades, quizá es que eso de emprender no es para ti.

No contar con socios si puedes evitarlo: Muchas personas se asocian con alguien por miedo, porque no se ven capaces solas. Pero si tienes un socio piensa que las decisiones van a medias, que la otra persona va a tener tanta voz como la tuya y que si no estas en una sintonía perfecta vas a entorpecer.

Mucho mejor llevar el rumbo tú solo, salvo que tengas clarísimo que te vas a entender con esa persona… y aun así es para seguir pensándoselo. Si realmente necesitas un socio, que sea capitalista. Es decir, que te aporte el dinero que necesitas para ponerte en marcha.

Escoger socios con criterios poco relevantes: Tu socio debe tener los mismos criterios que tú, pero también aportar algo que sea diferente a lo que tú ya tienes. Por ejemplo, si tú eres una persona muy creativa, júntate con alguien que tenga un perfil más organizativo, porque si no vais a chocar. O al revés: si lo tuyo es gestionar, busca a alguien más visionario, que te dé un empujón en determinados momentos y que te ayude a avanzar. Lo ideal es que sea alguien mejor que tú, por experiencia o trayectoria, y que su opinión sea algo que respetes.

Ir a partes iguales: Cuando no todo el mundo aporta lo mismo, eso es una fuente de conflictos. Porque una de las partes se va a sentir perjudicada, y va a terminar echándoselo en cara al otro.

Antes de asociarte con alguien párate a especificar qué va a aportar cada uno a la empresa. Que esté todo muy claro para evitar futuros problemas.

Y, ya que estáis, especificad qué pasa si os separáis. Ya sé que es como casarse pensando en el divorcio y no apetece, pero cuanto más esté todo hablado, menos problemas tendréis en el futuro.

Falta de confianza y  comunicación entre los socios: Bueno, esto es de cajón. Si no hay buen rollo entre los socios, si estás todo el rato pendiente por si tu socio te la mete doblada y no te fías de dejarle solo, apaga y vámonos.

Creer que el éxito depende de la idea: Esto pasa mucho. Tú tienes tu idea, le das vueltas, la pones bonita hasta que te convence… y como te parece buenísima, ya estás convencido de que lo vas a petar.

Una buena idea no sirve de nada si no la trabajas y la llevas a la práctica en condiciones aplicables.

Meterte en un sector que desconoces o no te gusta: Esto también cae de cajón. Si te metes en un terreno desconocido, necesitas un tiempo de aprendizaje y vas a cometer errores seguros. Lo que tienes que hacer en estos casos es buscar a gente que sí conozca el sector y pueda guiarte. Y claro, si el sector no te gusta ya de entrada, poco vas a durar ahí.

Escoger sectores de actividad poco atractivos: Intenta buscar sectores que estén en auge o incluso que estén de moda (aunque ojo con eso, si no quieres que caduque rápido). Así te aseguras un interés por parte del público y un cierto volumen de clientes.

Cambiamos de tema, vamos a hablar de tu situación familiar, de tu entorno y de todo lo que rodea a tu empresa. Esto es básico, porque si tú no estás bien, tu negocio no va a estar bien tampoco.

Hacer depender el negocio de las necesidades familiares: No se te ocurra arriesgar la economía familiar por tu emprendimiento, porque eso puede ser catastrófico. Una cosa es que en casa hagáis un esfuerzo para poner en marcha tu negocio, y otra muy diferente es que te juegues la supervivencia de tu familia.

Y no solo hablamos de dinero, porque vas a necesitar también apoyo moral. Los primeros años son complicados, vas dedicarle muchas horas al trabajo y deberías tener cuidado de que tu vida familiar no se resienta demasiado. No estoy segura de que exista una estadística, pero yo diría que el número de divorcios en el mundo emprendedor es alto. Y es una pena.

Emprender sin asumir que tendrá un impacto en nuestra vida: Emprender es un estilo de vida. Es un tópico pero es así. Es muy duro, pero también muy gratificante, sobre todo cuando empiezas a rodar y ves que realmente estás ayudando a otras personas.

Emprender engancha, y es normal que nuestras prioridades y relaciones cambien por el camino. Ten en cuenta que eso tiene un precio. No necesariamente malo, como lo del divorcio que decía hace un momento, pero sí que va a haber cambios en tu vida que debes estar preparado para asumir.

Crear modelos de negocio que no dan beneficio rápidamente y no son sostenibles: El mejor negocio es el que genera beneficios muy rápido. Si en unos meses no tienes dinero en el banco (no digo que te hayas forrado, pero sí que sientas que todo rueda), igual está fallando algo.

Y una vez en marcha, ten siempre un ojo en el futuro. Los negocios buenos son los que tienen posibilidad de crecimiento, los que te permiten escalar. Si no, vas a llegar a un tope muy rápido.

No retirarse a tiempo: Cuando ya te dejas más horas de las que tienes y no puedes crecer más, tienes dos opciones, o te conformas con ese tope y te vas quedando, o delegas en un equipo que haga las cosas por ti. Retirarse no quiere decir jubilarse y pasar de todo, sino sacarse de en medio en determinadas tareas que son perfectamente delegables. Es decir, pasar de emprendedor a empresario.

Hasta aquí toda esa lista de errores. Si alguno te ha sonado y quieres profundizar más para evitarlo, te recomiendo que te leas El libro negro del emprendedor.

Fuente: www.juditcatala.com

 

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